En la época MEDIEVAL surge el dosel ceremonial que protege el paso de los nobles, como un gran cubrecabezas para adornar y a cuyo paso inclinarse.
Con el RENACIMIENTO en cambio, la cortina, entendida como tejido o drapeado, se transforma en adorno real, los nobles adquieren los tejidos en Oriente y adornan los corredores de sus palacios.Será en el BARROCO, con el nacimiento de la escenografía y el amor por los drapeados, cuando nazca el culto por los cortinajes entendidos como ornamento.Con la llegada de Napoleón el tejido asume un mayor impulso, favorecido también por el aumento de las riquezas y de las necesidades de la corte. Había que esconderse de las miradas indiscretas y el cuchicheo de la corte no debía difundirse en los pasillos. Esta es la razón por la que aparece el tejido relleno: los muros, las puertas y, naturalmente , las ventanas, eran adornadas de suntuosísimos drapeos, guatedos, pintados y enriquecidos con grecas, diseños y orlas de oro.
En el siglo XIX el gusto se orientará hacia un estilo más casto, dominará el blanco.
En el siglo XX nos encontramos frente a los ejemplos de la arquitectura moderna capaz de ofrecer una nueva calidad de vida. Sobre esta base las cortinas se adaptan a cualquier tipo de exigencia, de la difusión de la luz a la reserva que un dormitorio puede requerir. Hoy la cortina muestra la elegancia sin quitar nada a la decoración circundante. La regla a seguir siempre es la de no ahorra en la calidad de los tejidos.
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