Los investigadores intentaban
descubrir por qué las células vasculares tendían a crear estructuras
organizadas en los cultivos. Para averiguarlo, crearon un sustrato de
proteínas en bandas dispuestas en sentidos opuestas de manera alterna.
Una banda repelía a las células y la siguiente las invitaba a adherirse a
ella. Al toparse con la frontera entre una y otra, las células
comenzaban su proceso de giro a la derecha. De esta manera se descubría
que son capaces de detectar los cambios mecánicos de la superficie
sobre la que se desplazan y que éstos pueden constituir una “orden” para
adaptar a ellos la dirección de su migración y cómo se distribuyen en el cuerpo.
“Esto
nos proporciona una valiosa información sobre cómo comunicarnos con
las células en su propio idioma y cómo empezar a darles instrucciones
para que produzcan estructuras similares a tejidos”, aseguró
Ting-Hsuan Chen, primer autor del estudio, publicado en Circulation Research.
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