Los babilonios, 1800 a.c.
Desarrollaron un sistema numérico posicional. A diferencia del nuestro (en base 10), la posición de cada dígito marcaba potencias de 60. Sin un cero que rellenara los huecos. Esta forma de notación podía ser ambigua: 61 y 3.601 resultaban indistinguibles.
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