Los restos fósiles de aves prehistóricas y dinosaurios presentan a menudo
una extraña postura, con el cuello, la cabeza y la cola muy doblados
hacia atrás sobre lo que habría sido el lomo, y las extremidades
estiradas. Dicha posición, conocida como la “pose de la bicicleta” o,
más profesionalmente, Opisthotonus, ha supuesto un misterio para
los paleontólogos durante más de un siglo.
Achim Reisdorf y Michael
Wuttke, de las Universidades de Basilea (Suiza) y Maguncia (Alemania)
han superado ahora este escollo con una nueva explicación: que la deformación tenga lugar
durante el proceso de descomposición del cadáver. Tras estudiar los
restos del dinosaurio Campsognathus longipes, que murió hace 150
millones de años, llegaron a la conclusión de que la clave podría estar
en el agua, ya que este dinosaurio era de costumbres terrestres, pero su
cuerpo quedó enterrado en los sedimentos
de una antigua laguna tropical, cerca de la actual localidad bávara
de Solnhofen.
Para comprobarlo, recurrieron a un experimento con gallinas muertas. Al sumergir sus cuellos en agua,
observaron que éstos se curvaban inmediatamente hacia atrás más de
noventa grados. Cuando profundizaron en las causas fisiológicas,
llegaron al llamado Ligamentum elasticum, que une todas las
vértebras desde el extremo del cuello a la cola. En los dinosaurios
contrarrestaba el efecto de la gravedad “tirando” con fuerza de los
largos cuellos y cola hacia arriba. Cuando el cuerpo ya muerto
descansaba bajo el agua, donde el efecto de la gravedad se reduce, el
ligamento seguía actuando con la misma intensidad y se originaba la
forzada postura.
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