Tus átomos no te pertenecen


Todo el mundo, que ha oído hablar de ellos, 
sabe que los átomos son muy pequeños,
 pero tal vez no todo el mundo se haya
 detenido a pensar en las implicaciones
 del principio de conservación de la
 materia, 
si la materia ni se crea ni se destruye”, 
los átomos del universo son siempre los mismos, 
en realidad nadie sabe cuánto puede 
durar un átomo (algunos sufren
 recombinaciones y transformaciones 
de sus partículas integrantes y forman
 otro tipo de átomos), pero son
 prácticamente imperecederos, hay
 estimaciones del orden de 1035 años 
(un tiempo inimaginable para nosotros), lo que implica que los átomos que tiene tu cuerpo
 (y el mío) 
no te pertenecen; como disponen de tanto tiempo para viajar, seguro que han pasado por 
varias
 estrellas 
y han formado parte de millones de seres (vivos e inertes) en su viaje hasta llegar a ser tú. 
Los átomos que
 configuran nuestro cuerpo son tan numerosos y tan longevos que un número significativo 
de ellos 
(más de mil millones de cada de nosotros) probablemente formaron parte del cuerpo de 
Quevedo, de Séneca, de los Reyes Católicos, de Critobal Colón, de Buda de Gengis Kan o 
de Beethoven (o de cualquier otra personaje, histórico o desconocido, suficientemente 
antiguo, pues los átomos tardan unos decenios en redistribuirse), siguiendo lo que se 
conoce como ciclo Biogeoquímico, pero no tenemos nada en común con Marilyn Monroe,
 John Lennon o Hitler, aún no, nuestros descendientes sí lo tendrán. Así que en realidad 
todos somos efímeras reencarnaciones de otras personas (en realidad de cualquier ser
 vivo o inerte) y la materia de que estamos hechos no nos pertenece, es nuestra un corto
 período de tiempo y cuando muramos, nuestros átomos se separarán y cada uno, siguiendo
 su lento pero seguro ciclo, encontrará nuevos huéspedes en otras partes del universo 
(como parte de una hoja, una gota de agua, una rana, una mujer, un perro o un cometa,
 una estrella) pero seguirán existiendo siempre.

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